Todo lo que siento por ti

es un instante… un instante que he alimentado y he cuidado, lo he moldeado a mi gusto, para drogar mi mente y mi corazón, para evadirme. Amor… es un constructo, qué bonito me ha estado quedando, cuánto esfuerzo le he impreso… es una ilusión que he necesitado para vivir, que he podido callar en un par de ocasiones, para que se manifieste, en magnitudes escala, por alguien distinto…¿Alguien?… Alguienes distintos y desechables, que he alejado tras otros micro instantes, sabiendo que he trabajado demasiado en el nuestro para permitirles a ellos profundizar en mi idealismo..,

tu participación es decisión mía, era decisión mía… escapas estos días y mis planes se caen. No tienes esa autoridad…

tal vez no eras tú el instante perfecto. Tal vez perdí mi tiempo.

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Mi (pecado) favorito

Alucino besarlo, lo siento, mi cuerpo lo ruega mientras se tambalea entre copas. No lo hago porque soy muy fuerte, no cambia nada un día más de ignorar este deseo.

Pienso que se siente tan bien estar delante de él. Suelo esperar a que cualquier simple frase salga de esos torturadores labios para que, como siempre, se me escape mis más reales sonrisas, si que sabe producirlas, sí que sabe mantenerlas. Su risa me repleta: cuando suena, me recorre un gozo que comienza en mis oídos y de pronto, cosquillas leves bailan hasta mi estómago, no me privo de tal placer al menos una vez al día, me es casi una adicción.

Lo extraño cuando no está y anhelo su reencuentro, no sólo por oírlo, también por mirarlo: extraño su imagen fresca, en recuerdos no es tan nítida ni por más recientes que sean. Lo prefiero en vivo, en rosa vivo a veces, por su piel cuando es tocada demasiado. Quiero tocarla demasiado…

Sus gesticulaciones como complacencia, no sé si me consiente con conciencia pero disfruto de todas las que hace, diario hallando una nueva, agregándola a mi colección nombrada “sus particularidades”, la cual encabezan sus abrazos, por lo pequeña que me hacen sentir y como sólo así disfruto de tal defecto.

Amo que también me extrañe. Que me reserve un lugar exclusivo en la primera fila de su existir. No sé por qué lo hace y está noche, tras algunas decepciones dolorosas, me da la gana saberlo. Lo busco entre mis amigos y lo hallo riendo junto a esa señorita rubia… Siento mis mejillas enrojecerse y no descifro si es porque me llega ese sonido detonador de todo o por el hecho de está sonando lejos, para otra persona. Lo omito y mejor despejo mi mente. Sonriente, se dirige hacia mi de pronto. Sonriente, lo recibo mientras dejo que mi cuerpo disfrute todas las reacciones que ello provoca, quienes además, parecen acrecentar con cada sorbo que doy a mi vaso. Deleite total frente a su alegre mirada. Percibo a mi boca hablar sin filtros, “detente”, le exijo, pero no me hace caso, no insisto. Se desenvuelven algunas verdades y él atento, (cómo me encanta su atención) deja escapar uno que otro gesto que no he guardado , combinaciones curiosas de complicidad, sonrojo, ansia y culpa. Todavía no soy explícita en lo que le digo, pero me conoce, sabe que hablo de él. Un impulso agobiado lo conduce a hablar también sin filtros. Lo que quería escuchar. Lo que no quería escuchar. Lo que quiero y no quería escuchar. Silencio. Aflicción. Ilusión. Confusión. Feliz.

Con razón a mi amor le preocupa que pase tanto tiempo con Rodrigo, mi favorito.

Pecado pensado

Todo a oscuras. Está a un lado y siento su corazón latir tan fuerte, qué ganas de sacarlo para silenciarlo y lamerlo, morderlo, besarlo. Tan sólo por placer suyo y mío, quisiera sentirlo y tener diez minutos de libertad, locura o valemadrismo sólo diez para convencerlo que no hallará nada mejor, sólo un rato, que lo sienta y no lo quiera dejar. No puedo. Logro distinguir este sentir como un pecado pensado. Sé percibir lo efímero que ha de ser, por más intenso, pasará. Tengo a mi perecedero, escondido, huido, pero está y debo ser fuerte. Ya sé que él, para mi cuerpo, alma y corazón, es lo único eterno.

1998-2016

Cuando Richi subió al cielo, había atado antes algunos nudos en nuestras gargantas, desató un mar de lágrimas que difícilmente se secaría, por un momento hubo rabia, coraje y miedo revoloteando nuestros pensares y entre tanto caos emocional, el mundo también enloquecía: Al parecer escondió el sol en esa sonrisa suya tan difícil de hallar, tan bien que la ocultaba y nos hizo creer que probablemente no planeaba regresarlo. Tal vez el sol no vuelva como Richi tampoco lo hará. El frío se avivó tras su partida y el aire susurraba que algo faltaba. Se llevó buen humor, canciones nocturnas, frases célebres y también el mejor solo de batería. Empacó tantas cosas buenas porque preparaba su estancia en un lugar mejor, donde sus canciones suenan todo el día, sus percusiones armonizan junto a los otros mejores músicos de la historia y donde la maldad calla para siempre, porque allá sólo hay espacio para todo lo bueno, incluyendo a Ricardo.

Metafóricamente

Alguna vez escribí lo mucho que me entristecía que todo el amor que te tenía, parecía no caber en mi. Tenía la sensación de que algún día, todo ese amor me haría explotar, desaparecer o enloquecer. El momento en el cual explotó, estabas justo a un lado. Tenías la manía de acercarte, como que para hacerme sentir tus inseguridades, tu miedo, tu forzado rechazo. Explotó y fuiste el más afectado. Se esparcieron restos de ese amor monócromo por todo mi alrededor, mancharon toda tu ropa, tus brazos, tus ojos. Queriendo volver a su unificación, los restos crecieron, buscando cada una de sus partes y al recorrer tu cuerpo, se pintaron poco a poco de todos los colores imaginables e inventaron algunas otras gamas. Les dabas sentido y ellos a ti. Yo sólo fui testigo, había desatado un desastre y me presionaba cierta obligación: en algún momento debía limpiar. Miré largo rato y me satisfacía tanta psicodelia, me hipnotizaba todo el movimiento y justo antes de perderme en ello, encontré tu nueva mirada: despierta en tus ojos usuales y cafés, se encargaba de pulirlos suavemente. Les sacaba brillo, los expandía, los alegraba, les daba otro aspecto.
Entonces también me mirabas, con tus ojos nuevos y cafés: más abiertos, más alegres, más brillosos. No, no me mirabas, pretendías destrozarme con tus ojos nuevos y filosos, navajabas mi piel, la cortabas a capas, memorizabas mis facciones y sonreías. Comitas en tus mejillas.
Lo mucho que me entristecía lo nocivo que mi amor por ti podría ser. Lo nocivo que fue, que es y lo feliz que me hace. Nos hizo. Nos hace.

Haz como yo:

Que cuando te detesto, evito pensarte. Evito tu música. Evito saber de ti. Con poco tiempo mi corazón se ablanda y regresa a mi tu otro yo, ese que no tiene una obsesión por lastimarse. Una versión de ti que tal vez ya ni exista: tus ojos brillosos y tus sonrisas prófugas. Tus besos suaves, tus manos en mi rostro. Cuando me devorabas, me repasabas y hasta ahora, sólo a ti te lo permito. Mírame, destroza mi rostro con esa navaja en tus ojos. Que no quede nada que no conozcas, mira muy bien que estoy llena de defectos, memorízalos, que ellos te aman y se emparejan con los tuyos. Mira de cerca, que en mis ojos cabes perfectamente: allí perteneces, en esa dilatación descarada que embellece mi ser, siendo tú lo bello  en mi. En ese brillo impecable para tu habitar. Aquí perteneces. En mi cerebro inquieto, que por curioso explora muchas mentes y siempre que llega la tuya, se apaga: nos deja existir y disfrutar, se hunde en ti como en canción, se deja llevar y es ahí cuando “vida” encuentra su más bello enfoque. Aquí, en el corazón, el que ya te había dicho, no es mio, el estúpido. El ruidoso por ti, el herido. El tuyo.

Extráñame, miamor

Que cuando sé que me extrañas, yo te extraño menos. Cuando percibo que me necesitas, yo estoy bien sin ti. Mi mente se alimenta de tu necesidad y genuinamente no te pienso: se me llena el tanque y no te necesito nunca más.

Nunca más llega en cuanto es mas cierto que me olvidas, entonces yo te extraño. Te necesito locamente. Te pido a gritos y tú tan lejos, ahora si no volverás.

Al cineasta

Quiero decirle seriamente que es maravilloso:
Empezando por sus opiniones, su manera de elegir las palabras para describir o contar lo que sea, su sentido del humor estrafalario, su voz grave despreocupada y cuando quiere, de locutor. Su risita ridícula.
Después, sus anécdotas, su forma de percibir lo común, sus hábitos inusuales, sus vicios, sus gustos, sus ideas, sus guiones.
Al final, casi imposible de percibir: su nobleza, su ternura, su honestidad, su esencia tan genuina, su empatía.

Me urge contar que es extraordinario, mi mejor descubrimiento y ahora, mi día sin monotonía. Me da miedo, le quiero decir, me da miedo esto: percibir toda su grandeza. Me da miedo quererlo.

O me da miedo ceder tu lugar.

Toma 1

Conocí una mente extraordinaria que mis sentidos advirtieron cuando se acercaba. En un circulo de desconocidos, se destacó por su humor extravagante, hizo reír a todos sin el menor esfuerzo, a todos menos a él mismo. Su seriedad se complementaba tanto con su playera promotora del rock setentero, como con su carisma nato, para asegurar una misteriosa personalidad. Varios días sin poder descifrar nada, pocos intercambios de palabras. Una puerta cerrada con llave. Una noche los dos notamos las estrellas y no lo mencionamos. Ambos juguamos con el pasto pero sin invadir nuestra individualidad. Atenta a sus movimientos, disimulaba juntando distintos tipos de hojas para hacer un ramo: hojas naranjas, verdes, pequeñas, alargadas, rugosas, lisas…“Ten” escuché mientras su mano se extendía hacia mi con un par de flores perfectas para el ramo “¿Por qué no vi esas?” pensé e inmediatamente busqué su mirada para hacerle ver que estaba agradecida. Le sonreí sin emitir sonido. Su mirada dejó en claro cierta frialdad, para después desviarse hacia otro lugar. No quise pensar nada, pero qué bellas flores había hallado. Aunque era evidente cuánto disfrutaba comer, abandonaba dicho placer cuando alguien le hablaba de cine, música o arte: llenaba entonces su boca de datos curiosos, citas, movimientos, técnicas y pasión por cualquier manifestación artística. Yo lo escuchaba cabizbaja… en silencio… cada palabra… o incluso cuando no hablaba y se dedicaba a hacer covers de batería con los cubiertos y su imaginación… “¡Qué persona tan extraña!” Me hacía pensar y desear tener su atención… Una vez la tuve: comentamos arte, compartimos obras, complementamos ideas que formulábamos a la mitad. Sus pasatiempos resultarom ser inusuales y como él: curiosos, divertidos, aparentemente simples y asombrosos. Mis sentidos acertaron, lo confirmo: conocí una mente extraordinaria

Depart

Hace un año que escribí de ti, por “primera vez”. Como escritora recién nacida, adopté este “estilo” sin querer: te hablé en primera persona, sabiendo que no me leerías y a partir de ahí, cualquier otra persona presente en mis narraciones eran ajenos a excepción de ti… Aquí y a puño y letra, eras y eres TÚ: te hablo, te describo, te reclamo, te suplico… Y ya tiene tiempo que evito escribir. Mis mejores escritos son de ti.
Ahora parece éste, un conjunto de ideas desordenadas, como cuando estamos solos y puedo hablarte de todo, sin que importe lo incoherente que sueno usualmente y es que hoy no procuro fingir nada, como lo he hecho el último mes por lo menos. Y es que hoy probablemente es un adiós. No como los de antes, si no un adiós real.
Supongo que todo mi amor no ha sido suficiente ni para saciar tus dudas de “nosotros”, mucho menos para llenar los huequitos de tu ser que tanto te has esforzado por ocultar. Oficialmente me rindo. Ya no puedo seguir teniendo fé en que “despertarás”. Ya no creo en ti. Me has demostrado que no soy nada para ti. No alcanzo para provocarte un cambio o un poco de asertividad. Me mata dar todo para nada.
Entonces gracias, amor de mi vida, por hacerme sentir mas plena que nunca, por darme todas mis primeras veces, por enseñarme a amar. Gracias, amor de mi vida, por no luchar, por lastimarme, por desconfiar. Gracias, amor de mi vida, por existir como lo haces, por asombrarme con tu simpleza, por obsesionarme con tu aroma. Gracias principalmente, amor de mi vida, por aceptar mi lejanía y sufrirla casi tanto, pero mucho menos que yo…